Por Ismail Elmachrafi
El Real Madrid firmó una remontada épica en Roma (3-4), con tres goles en los últimos siete minutos tras llegar al 83 con dos tantos de desventaja. Sin embargo, la victoria no oculta las carencias tácticas del equipo, la fragilidad defensiva y el discreto rendimiento de Tchouaméni y Vinicius, que evidenciaron los errores del planteamiento inicial de Mourinho.
Un Madrid sin gobierno en el centro del campo
Mourinho apostó por un 4-2-3-1, con Courtois; Dumfries, Konaté, Rüdiger y Cucurella; Tchouaméni y Valverde en el doble pivote; Diomande, Bellingham y Vinicius por detrás de Mbappé. Sobre el papel, el sistema debía ofrecer equilibrio defensivo y velocidad en las transiciones. En la práctica, el equipo quedó partido en dos, con demasiada distancia entre líneas y escasa conexión entre los centrocampistas y los atacantes.
El doble pivote no funcionó. Valverde, obligado a multiplicarse, tuvo que cubrir espacios excesivos, mientras Tchouaméni no ofreció la seguridad necesaria en la salida de balón ni la protección defensiva que exigía el encuentro. El Madrid careció de pausa, precisión y automatismos para superar la presión romana, y terminó dependiendo de los envíos largos y de las acciones individuales.
El 1-0 llegó en el minuto 20, cuando un disparo de De Roon, desviado por un defensor, sorprendió a Courtois. Mbappé empató cinco minutos después con un lanzamiento lejano que también contó con un desvío. Sin embargo, el empate no corrigió los problemas estructurales de un equipo incapaz de controlar el ritmo del partido.
Tchouaméni, una actuación para olvidar
El francés firmó una actuación muy por debajo de las exigencias de su posición. Ni dio claridad a la salida de balón ni consiguió proteger eficazmente a la defensa. Sus dificultades para superar la presión y su escasa influencia en la organización dejaron a Valverde ante una carga de trabajo excesiva.
El problema no fue exclusivamente individual. La pareja tampoco encontró la complementariedad necesaria: mientras Valverde intentaba abarcar demasiado terreno, Tchouaméni no conseguía fijar una posición que diera estabilidad al equipo. Mourinho apostó por el músculo y el recorrido, pero el partido reclamaba también capacidad para organizar la posesión y conectar con los atacantes.
La ausencia inicial de Güler y Bernardo Silva privó al Madrid de alternativas para superar líneas mediante el pase. El resultado fue un centro del campo sin continuidad, incapaz de imponer su ritmo y demasiado expuesto a las transiciones rivales.
Vinicius, desaparecido
Vinicius completó una actuación decepcionante. El brasileño apenas consiguió desequilibrar en el uno contra uno, no ofreció profundidad de manera constante y tampoco ayudó a resolver los problemas colectivos. Su falta de influencia ofensiva agravó la desconexión de un ataque que apenas encontró vías para progresar.
Tras el descanso, el cambio de bandas no mejoró su rendimiento. En el minuto 51, una pérdida después de intentar un taconazo innecesario facilitó la transición que terminó con el segundo gol de Malen. La acción reflejó un error de criterio especialmente inoportuno en un equipo que ya sufría para conservar el balón.
Mourinho decidió sustituirlo en el minuto 59 para dar entrada a Endrick. Una decisión significativa que evidenció la necesidad de cambiar la dinámica ofensiva del equipo.
La Roma castiga los errores, pero Mourinho encuentra soluciones
El segundo tiempo agravó los problemas del Madrid. Malen firmó el 2-1 en el minuto 51 y amplió la ventaja al 3-1 en el 57, tras recibir un pase filtrado de Matías Soulé. Los goles evidenciaron las dificultades madridistas para defender las transiciones, cerrar los espacios interiores y reorganizarse tras las pérdidas.
El equipo defendía demasiado lejos de sus atacantes y llegaba tarde a las coberturas. La presión irregular y la desconexión entre líneas facilitaron la progresión de la Roma y dejaron al descubierto las limitaciones del planteamiento inicial.
Mourinho respondió con cambios que transformaron el encuentro. Las entradas de Endrick y Güler en el minuto 59, Bernardo Silva por Tchouaméni en el 70 y Carreras y Carlos Espí en el 78 aportaron creatividad, dinamismo y mayor presencia ofensiva. El técnico portugués encontró en el banquillo las soluciones para reactivar a un equipo que no había conseguido imponer su juego.
Los cambios transformaron al equipo. Güler aportó creatividad y precisión, Bernardo ofreció una alternativa para superar la presión mediante el pase y Endrick dio mayor profundidad al ataque. La salida de Tchouaméni y la entrada de futbolistas con más recursos técnicos permitieron al Madrid ganar continuidad y presencia en campo contrario.
Mourinho acertó con las modificaciones, pero la reacción también dejó una pregunta incómoda: ¿por qué el equipo necesitó verse al borde de la derrota para encontrar el equilibrio y la claridad que le habían faltado desde el inicio?
Siete minutos para cambiarlo todo
La remontada comenzó en el minuto 83. Tras un córner ejecutado por Güler y un remate de cabeza de Endrick, Carlos Espí aprovechó el rechace para marcar el 3-2. El tanto fue inicialmente anulado, pero el VAR confirmó su validez.
Dos minutos después, Güler volvió a servir un centro preciso y Endrick conectó un cabezazo que estableció el empate. El Madrid había encontrado en el balón parado una vía para explotar las dificultades defensivas de una Roma cada vez más replegada.
Los blancos no se conformaron con salvar un punto. Bellingham estuvo cerca de culminar la remontada con un remate de cabeza y, en el minuto 90, otro saque de esquina de Güler encontró a Rüdiger, que marcó de forma acrobática el definitivo 3-4.
Una victoria que no borra las dudas
El triunfo en Roma confirma la capacidad del Real Madrid para competir hasta el final, pero también evidencia importantes carencias colectivas. El equipo no controló el centro del campo, sufrió en la salida de balón y concedió demasiadas facilidades en las transiciones. El doble pivote no funcionó, Bellingham quedó desconectado del ataque y Vinicius firmó una actuación muy por debajo de sus posibilidades.
Mourinho encontró en el banquillo las soluciones que no había hallado en su planteamiento inicial. Güler dio sentido a la circulación, Bernardo aportó claridad y Endrick y Espí cambiaron la presencia ofensiva del equipo.
La remontada merece reconocimiento, pero no debe servir para ocultar los errores. La calidad individual puede rescatar una noche; la organización colectiva es la que evita que un equipo viva permanentemente al borde del abismo.

Periodista ✍ Que hablen de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen

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